sábado, 10 de enero de 2009

¿Cómo se hace para ser Micólogo?

¡Ooooh, qué bonito! ¿Y es de verdad o es de plástico? ¿Es una pelotita de jugar o una golosina? Ni una cosa ni otra, sino una seta venenosa, por muy tentadora que resulte con sus brillantes colores. La Amanita Muscaria crece en los bosques de Tabuyo y, aunque no valga como ejemplo de las delicias comestibles que por aquí pueden encontrarse, la pongo como símbolo de lo muy útil que es aprender acerca de las setas. Ah, la mano de la foto es la mía, je, je. Y no... no me comí la muscaria ;-P

Esta entrada la escribo con cierto retraso, porque es el resultado del fin de semana del 6 y 7 de diciembre, cuando pude conocer al "famoso" ;-) micólogo del que medio pueblo me había hablado, un tal Jaime. Y no solo eso, sino que conocí también a una micóloga, (que además es su pareja), pues ambos dieron un par de charlas sobre las setas. Estoy hablando de Jaime Olaizola y Beatriz de la Parra, y por supuesto, esto sucedió en el Centro Micológico de Tabuyo del Monte, pues se trataba de la clausura de los cursos y talleres de iniciación y profundización en la micología que tuvieron lugar aquí mismo durante los fines de semana de otoño.

Pero más vale tarde que nunca y aquí estoy, para contar lo que averigüé acerca del asunto de la micología. Porque, yo no sé el resto de la gente, pero a mí eso de que hubiera micólogos me llamaba la atención. ¿Rarezas de una? Más bien el resultado de haber iniciado una vez, hace muuucho tiempo, tanto que casi ni me acuerdo, como en los cuentos, la carrera de Biología. Hubiera querido especializarme en botánica, pero no pasé del primer curso, por razones que ahora no vienen al caso. Sea como sea, por ese motivo yo sabía que no existía nada como una especialidad en micología. ¿O es que los planes de estudio habían cambiado tanto que...? ¡Ah, a fin de cuentas soy algo vieja ya, peino canas, y muy lejos quedan aquellos 19 añitos! Podría ser que...

Bueno, la ocasión la pintan calva, así que, aunque no había podido asistir a los talleres de micología, quise asistir a las dos charlas que clausuraban los cursillos. La primera se titulaba "Las Setas, el Oro del Teleno". La segunda, "Cocina con setas". Ambos títulos me parecieron igualmente sugerentes, así que decidí no perderme niguna. Pero además, así podría conocer a un par de micólogos, cara a cara y "de verdad", je, je.

Sobre lo que se dijo en las charlas hoy no hablaré, sino que lo dejo para otras entradas. El caso es que, cuando terminaron, me acerqué a los ponentes, quienes, todo amabilidad, estuvieron encantados de emplear un rato hablando conmigo. Yo les expliqué que tenía curiosidad acerca de cómo llega uno a convertirse en micólogo, y entonces me dijo Jaime que lo primero era, obviamente, la vocación. En su caso ésta se manifestó ya de muy pequeñito, en su País Vasco natal. Sus recuerdos respecto a la afición a las setas se remontan a los 6 años, cuando descubrió esas "cosas de colores" tan bonitas y peculiares que crecían en el monte. Pero es que además, no sólo en su casa había libros de setas, sino que en su pueblo ¡había exposiciones de setas cada año!

¡Vaya...! Está claro que algunas zonas nos llevan muchos años de ventaja en esto de las setas. Había oído hablar de los "pueblos micófilos", zonas donde la gente aprecia a las setas, y los "pueblos micófobos", territorios donde la cultura popular desconfía de las setas o pasa olímpicamente de ellas. Y sabía que el País Vasco, así como Cataluña y otras comunidades, siempre fueron "micófilas", mientras que aquí en León la cosa de las setas no era precisamente valorada, por lo menos hasta hace poco. Y no sólo sabía esto por los libros, sino por experiencia. Mi padre, Angel de Paz, siempre recuerda una vez que, estando él y nosotras, sus hijas, cogiendo setas cerca de Santiagomillas, nos salió al paso una viejecina del pueblo, y dijo:
- ¡Ay, señor! ¿Usted aprecia la vida? ¡Ande y no coja eso, que se va a morir!

Mi padre intentó explicarle a la buena mujer que precisamente porque apreciaba la vida cogía setas, y que aunque ya sabía que existían especies venenosas y mortales, éstas no presentaban ningún peligro. Pero la mujerina se marchó, renegando con la cabeza. Toda su vida había oído que las setas eran "malas" o al menos peligrosas, y ahora no le iba a convencer un forastero de lo contrario...

Pero es que mi padre, leonés por los 4 costados, conocía las setas gracias a que se casó con una catalana (por los cuatro costados también), que le enseñó de qué iba el asunto. Con lo cual tuvo la dicha de disfrutar cogiendo setas como "micófilo" en una zona (ésta) y en un tiempo (hace más de 20 años) en el que prácticamente nadie iba a recoger setas al monte. Nadie. ¡Y vaya sí las había...! De hecho, la primera exposición de setas que se hizo en Astorga la organizó él y, cuando al cabo del tiempo la familia hubo de trasladarse a Barcelona por cuestiones laborales, dejó dicho como "herencia", a sus amigos, dónde estaban los mejores sitios que él conocía para coger setas alrededor de Astorga.

Pero por muy goloso que sea experimentar eso de ser casi el único conocedor de setas en pinares a la redonda, y llenar cestos y cestos sin problemas, conversando con Jaime pude corroborar las indiscutibles ventajas de vivir en una comunidad micófila, porque él creció en un lugar así. Ahí la riqueza de las setas es algo que puede ser aprovechado por todo un pueblo, disfrutado en todos los sentidos, sacándole un partido gozando además de compartir la afición con los demás. Aquí en Tabuyo las setas se empezaron a conocer cuando empezaron a realizarse los cursos, hace unos años, pues desde las Asociaciones de Desarrollo Rural, la Junta Vecinal y el Ayuntamiento, se tuvo la visión de que el asunto de las setas era un recurso precioso para este lugar...y un recurso todavía sin conocer y sin aprovechar. ¡Hoy las cosas son muy diferentes al respecto! Pero sin duda son mejores para todos.

(Jaime Olaizola y Beatriz de la Parra Peral, en la entrada del Centro de Interpretación Micológica de Tabuyo del Monte, el día de esta charla)

Bueno, a lo que iba. Jaime y Beatriz me confirmaron que, efectivamente, no fue estudiando Biología que accedieron a conocimiento de las setas, sino gracias a la Ingeniería Forestal.
- Ah, entonces ¿existe esa especialidad en esa carrera?- les pregunté.
- Bueno, no exactamente. Nosotros sí tuvimos la suerte de poder cursar esa asignatura y profundizar en ella, porque en nuestra facultad había un profesor experto en la materia que impartía esa especialidad, micología. No todas las facultades pueden decir lo mismo.
- ¿Y dónde estudiásteis, si puede saberse?
- En el campus de Palencia, aunque la facultad pertenece a la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Agrarias de Valladolid.
- Ahh...
- Y el que fue nuestro profesor, con quien luego colaboramos muchas veces y seguimos aprendiendo, se llama Juan Andrés Oria de Rueda.
- Ah, o sea que es un caso especial, por así decirlo.
- Era el único profesor que impartía micología en nuestra facultad.
- Vaya, entonces fuísteis a dar al sitio ideal.
- La verdad es que no todas las facultades dan la misma cabida a esa asignatura.
- ¿Y los dos estudiásteis ahí?
- Sí, y nos conocimos allí.

Unidos por la vocación micológica (y más tarde por algo más que eso ;-) ), Jaime Olaizola y Beatriz de la Parra siguieron esporádicamente con su profesor, siguiéndole en diversos proyectos micológicos, por ejemplo Micovaldorba, donde participaron como becarios al lado de Juan Andrés Oria y otros técnicos.

Jaime y Beatriz me contaban que estas atividades y otras fueron algo que hicieron sin premeditación y, al inicio, de manera voluntaria, por pura afición. Tampoco se planteaban siquiera la idea de que un día podrían llegar a trabajar como "micólogos".
- En realidad, no existe lo de "ser micólogo" -me dijeron- Es decir, no hay un título universitario que diga en ningún lado que uno es micólogo, porque estudió la carrera de micología, por lo menos en España. Lo que sí es posible es estudiar y profundizar acerca de micología, o bien cursando asignaturas opativas en la universidad y luego ampliando la formación a través del trabajo práctico en proyectos, etc (como hicimos nosostros), o bien realizando cursillos de formación de micología, como los que se han impartido aquí en Tabuyo o en muchas otras zonas rurales.
- Entiendo. O sea, que este es uno de tantos campos del saber en el que no existe ninguna titulación reglada ni oficial...
- Bueno, nuestra ventaja es haber estudiado Ingeniería Forestal, porque eso nos ha dado una base de conocimiento global y muy amplia sobre los ecosistemas, sobre cómo funciona la naturaleza en general. Y para conocer verdaderamente las setas, es fundamental tener nociones de esto.
- Ya...Hay quien reconoce las setas y sabe dónde se cogen, cuáles se comen y cuáles no, y eso es todo...
- Exacto. Pero nosotros partimos de un conocimiento del medio muy amplio, y estudiamos cómo nacen las setas, dónde, de qué manera, por qué, qué factores inciden no sólo en si nacen o no, sino incluso en su química, en su sabor, en sus cualidades. ¡Porque ni siquiera dentro de una misma especie, todas las setas son iguales!
- Entiendo.

Luego me contaron que fue después, cuando los grupos de desarrollo rural de muchas zonas se dieron cuenta del valor potencial de la micología e hicieron un programa llamado "Micología y Desarrollo Rural", que necesitaron técnicos para desarrrollarlo, y ahí fueron contratados ellos por primera vez como especialistas en micología. Así pudieron trabajar en algo que tanto les gustaba y a lo que habían empleado tantísimo de su tiempo. ¡Casi era un sueño! Uno de esos grupos de desarrollo rural era Montañas del Teleno, y de ahí llegaron hasta aquí.

- Pues qué bien, ¿no? ¿Así que ahora ya podéis trabajar como micólogos?
- Bueno, aún sigue siendo un trabajo precario y sin mucha seguridad, porque todavía depende de los fondos que se dan a los proyectos de desarrollo rural. Hay dinero europeo (proyecto Leader plus y Proder), y esto no dura siempre. Se cumplen temporadas y luego hay que esperar a que se aprueben las siguientes y se inviertan nuevos fondos.
- Pues es una lástima que no se movilicen más las cosas, de manera que no haya que depender de eso. A fin de cuentas vuestro trabajo tiene su utilidad...
- Claro, porque lo que hacemos no sólo es reconocer setas y discernir sus cualidades, sino hacer estudios in situ para poder GESTIONAR los montes, de manera que las setas crezcan de manera óptima y asegurada para las siguientes generaciones. Es decir, mostramos cómo cuidar el medio ambiente local de modo que las setas puedan seguir saliendo año tras año (si el clima lo permite, claro está), sin acabar con ellas y dejando el terreno de tal modo que continúen extendiéndose.
- Pues eso trae beneficios económicos. Debería ser obvio que emplear a algún micólogo en gestionar los montes locales es una inversión segura, aunque a veces sea a largo plazo.
- Pues sí, pero el problema, como en otros campos, es que los que están en los despachos no siempre conocen bien de qué va el tema, y la mentalidad general acerca de las setas aún está algo atrasada. Se suele creer que salen sin más, y que se trata de salir a coger cuantas más mejor, porque total, al año siguiente volverán a salir, etc. Pero esto no es del todo verdad.
- Ya...
- Es necesario no sólo un estudio local, concreto e in situ de cada ecosistema productor de setas para cuidarlo óptimamente, sino también una labor de enseñanza y concienciación de la población, para que cuiden el entorno de manera adecuada, recojan adecuadamente las setas y se enteren bien, además, de sus diferentes valores. Si la gente conoce y valora bien las setas, será mucho más fácil que aprecien el cuidado de los montes en ese sentido, y no como (por ejemplo) meros productores de leña.
- Está claro.
- Pero es que además, es posible crear nuevos puestos de trabajo rural como guías micológicos, por ejemplo. La verdad es que el tema de la micología está todavía despuntando y hay muchísimo por hacer. Se le puede sacar mucho más partido todavía.
- Eso es lo que se intenta hacer en este pueblo.
- Sí. Aquí se han hecho cursos de formación como Guías Micológicos, bastante completos (unas 200 horas), pero también ha habido cursos de recolección, de cocina micológica, talleres para niños...Pero hay muchos otros pueblos y zonas rurales donde se ha despertado un interés similar.
- Qué bien. O sea que es un campo con futuro.
- O al menos debería serlo. ¡Esperamos que así sea!

Pues yo también lo espero, y con esto termino por hoy.
Ah, y si a alguien se le han puesto los dientes largos con tanta seta, me alegro :-). Espero hablar más veces sobre asuntos micológicos, hoy tan sólo quería compartir algunas impresiones personales y parte de lo que aprendí en mi charla con Jaime y Beatriz. A ellos dos, si leen esto: ¡Muchas Gracias!
...

viernes, 9 de enero de 2009

La Víspera de Reyes fue así...

La Víspera de Reyes hubo fiesta para todos, grandes y pequeños. Los niños de la escuela fueron a cantar villancicos a la residencia de ancianos, Residencia El Pinar, y la cosa terminó siendo una reunión multitudinaria donde cantamos todos, hasta los espectadores. Y una vez empezado el bullicio...¡a ver quién paraba! Empezó todo sobre las 4 y se alargó hasta pasadas las 6. Ahí ya había que irse retirando, porque muchos de los residentes tienen la salud delicada y necesitan cumplir con los horarios rutinarios para que no se les descontrolen tensiones, azúcares y demás, pero a pesar de todo la fiesta continuaba en el ánimo de muchos. Un grupo de mujeres de Tabuyo, que había empezado a cantar villancicos espontáneamente tras la actuación de los pequeños, marchó calle abajo, hasta sus casas, sin parar de cantar...

Pero vayamos por partes. Los niños llegaron y se disfrazaron para la ocasión. Estaban nerviosos y excitados, así que las risas, los juegos y las carreras por el pasillo previas al acto rompieron el silencio habitual de la residencia a esas horas de la tarde, y fueron creando ambientillo. Se colocaron sillas para que los residentes pudieran sentarse a escuchar sin problemas y se preparó una merienda a base de chocolate y rosco de Reyes, para después. Luego, fueron llegando los invitados, que eran todos aquellos que quisieran venir a participar en el acto. La sala se llenó al poco rato y entonces los niños empezaron a cantar. Los dirigía Greta, quien, con su proverbial paciencia y dedicación, los había reunido unos pocos días antes para hacer algún ensayo. Y los acompañaba Rubén con su violín, para dar una melodía instrumental de fondo a sus voces.


(Un momento del acto. Los niños en fila a la izquierda, Rubén con el violín, Greta de pie detrás de él, y todo alrededor los residentes y los invitados)

Los niños actuaron, como siempre, con enorme desparpajo y sentido del humor, lo que suplió los defectillos debidos al poco tiempo que había habido para preparar aquello. Al final, Greta nos animó a cantar a todos. Lo mejor fue que también se animaron algunos de los propios residentes, como la incansable Beni (Benilde), quien tiene ánimo de cantar y sentido del humor para todo el rato que uno quiera, y más. También cantó Andrés Vidales, que no sólo conoce muchas canciones populares, sino que además se anima a cantarlas de principio a fin. (Por cierto que me dan ganas de ir un día a la residencia, grabadora en mano, para escucharles y aprender algunas estrofas con ellos. Ya lo había pensado cuando trabajaba allí, porque les oía cantar a menudo y se me ponían los dientes largos. Pero entonces no tenía apenas tiempo libre...)

Y como decía, al final, entre unas cosas y otras, terminamos cantando todos a pleno a pulmón villancicos como "El Camino que lleva a Belén", "Noche de Paz", "La Marimorena"...y luego, ya puestos, algunas cancioncillas tradicionales de aquí, algo más pícaras, como una cuyo estribillo dice así:

Ole por entrar, por entrar, por entrar,
ole por entrar a tu jardín a regar...

Y es que creo que Tabuyo no sería Tabuyo si no terminara la cosa con algo de cachondeo. Se repartió luego el chocolate, bien rico y bien caliente, y los pedazos de rosca de Reyes. Todos charlaban con todos animadamente, y podría parecer que la cosa terminaba cuando...¡No se vayan todavía, que ahora viene el baile!

¿Baile? ¿En el interior de una Residencia de Ancianos, una gélida tarde de invierno? Ah, pues claro que sí. Emergió de entre el público un joven tamboritero, Adrián, de Luyego, que andaba por ahí discretamente invitado al evento, y sacaron de no se dónde algunas mujeres de Tabuyo sus castañuelas, y ¡hale, música y a bailar!
(Un momento del baile, en la sala)

Y como la sala se quedaba pequeña para tanto movimiento, los bailadores se fueron al pasillo, que, en esta Residencia es larguísimo y da espacio para eso y más. Allí estuvieron mayores y niños bailando, pues de nuevo se juntaron todas las generaciones. Bailaron algunos de los residentes, que enseguida saltaron de sus asientos al compás de la música; bailaron algunos de los invitados; y bailaron los niños que habían cantado antes. Ellos, aunque no sabían los pasos del baile, saltaban y giraban igualmente, muertos de risa y con las mejillas coloradas por la animación, la merienda y la diversión.
(El baile, cuando se desplazó al pasillo, con los niños en primer plano marcando el paso a su manera)

Al final del acto se hizo entrega a todos los ancianos de la residencia de un regalo (bufandas y chales para ellos y ellas), y el resto nos fuimos despidiendo. En resumen, fue una tarde agradable que me parece que dejó un buen sabor de boca en todos. Visto lo visto, tal vez merezca la pena que algo similar se repita alguna vez...o al menos, desde aquí lo pensamos. Por cierto que a Rubén le encantó tocar el violín con los niños, y dice que a lo mejor se podría hacer algún taller musical con Greta y con ellos...Ahí queda la idea, flotando, y hasta seguramente se puede elaborar más :-)

Desde Tabuyo, se despide la cronista más barrigona e informal de todas, je, je...
...






Hacer las Cosas a Tiempo

(La nevadita de hoy, fina y helada como azúcar en polvo...)

Ayer por la mañana hacía mucho frío, pero el día estaba despejadísimo y hacía un sol radiante. Tanto, que Rubén y yo fuimos a uno de nuestros rinconcitos preferidos del bosque a tomar el sol. Es un claro del bosque cercano al pueblo y un lugar muy resguardado del viento, de manera que incluso en pleno invierno es posible sentarse tranquilamente y disfrutar de un microclima casi primaveral. Eso sí, en cuanto te pones de pie y sales de entre los árboles, notas la diferencia y te hielas. Ayer los charcos de hielo no se descongelaron en todo el día.

Pues ahí estábamos, sentados ricamente al sol, y en silencio porque nos sumergimos en estado de meditación (sí, somos de esas personas raras que hacen esas cosas igualmente extravagantes como "meditar" en silencio y tal). Un cazador que pasaba por allí cerca nos vio y no dijo nada. Debió de pensar: "Vaya par de zumbaos, quietos como palos y mudos, que ni se les oye. ¿Qué harán ahí...?". La sensación de extravagancia debía de ser muy acentuada, ya que Rubén, en un alarde de euforia por aquel rato privilegiado de sol maravilloso, en esos momentos se había quitado la camiseta y andaba así, en plan yogui, a pecho descubierto :-P. El cazador no dijo ni mu, probablemente haciendo ver que no nos veía, je, je.

Pero era cerca del mediodía, y como si media vecindad se hubiera puesto de acuerdo, después del cazador silencioso, por el camino cercano empezaron a pasar personas. El silencio y la sensación de soledad se esfumaron, y salimos de nuestro estado trascendente para observar aquello. ¿De dónde venía de repente tanto movimiento humano?. Los paisanos llevaban carretillas muy cargadas con sacos, e iban en grupos de a dos.

Ahhh, ¡eran sacos cargados de piñas! Nada extraño: la mayor parte de vecinos de Tabuyo van al bosque habitualmente a recoger piñas caídas de los árboles (ojo, aquí les llaman "piñones", cosa que nos confundió mucho al principio). Las utilizan para encender las cocinas de leña y reavivar el fuego cuando ya quedan sólo brasas. Es una cosa útil, porque la gente se beneficia y el bosque también, pues todo ese trasiego humano contribuye a que esté algo más limpio de maleza y de pequeños materiales combustibles.

Como ya era casi la hora de comer, nos levantamos y volvimos a casa. Por el camino, estuvimos charlando con una pareja de las que llevaba un carretillo cargado de sacos. Es de admirar que tanta gente, por aquí, siga sin depender del coche, sin agobiarse por tenerlo o no tenerlo y sin caer en el estrés. Van andando tranquilamente hasta bien lejos para acarrear piñas sin problemas, y se vuelven tan tranquilamente como vinieron. Si en ello echan media mañana, pues la echan. Total, es invierno y poca cosa más hay qué hacer en el campo...

- Yo no hubiera salido hoy a por esto, porque está todo húmedo- se nos quejó el hombre- pero mi mujer se empeñó, y bueno.
La mujer no decía nada, y andaba al lado de la carretilla, muy ufana.
- Pero el bosque está mucho más seco que hace días- le respondimos, como para consolarle- Nosotros también estábamos pensando en ir a recoger piñas un día de éstos, porque las que teníamos se nos están acabando.

Y era verdad. LLevaba yo días pensando en las piñas, y ayer lamenté mucho, al llegar al bosque, no haberme acordado de llevar un saco o unas buenas bolsas conmigo, porque el tiempo estaba bueno para eso. Pero más lo lamenté esta mañana, cuando, al asomarme al patio trasero, lo ví todo nevado. ¡Vaya...! Y me acordé de los vecinos acarreando piñas. ¡Qué oportunos, lo hicieron justo a tiempo! ¿Cómo lo supieron? ¿O fue simple coincidencia?

Entonces también recordé la queja de aquel hombre: "Si no hubiera sido porque mi mujer insistió, no hubiera salido hoy a buscar piñas...". ¿Sabría algo la mujer que no supiera el hombre...? ¿Habría notado el cambio inminente de tiempo? ¡Con lo despejadísimo que estaba, que no había ni una nube!

Pero me acordé de que también por la tarde, mientras leía el periódico en el bar, entró Andrés y me sorprendió, diciendo sin más:
- Va a nevar.
- ¿Sí?
- Sí.

Eso fue todo. Y ha nevado. Ahora bien, si alguien opina ahora que estos tabuyanos acertaron porque vieron la dichosa TV y en ella anunciaron que nevaría, que no se precipite tanto. La Tv lleva pronosticando nevadas gordísimas durante todo el mes pasado, pero aquí no ha acertado. Aunque en muchos puntos de León ha nevado mucho, para decepción de estos paisanos en Tabuyo la nieve apenas ha levantado un palmo, y eso en los dos días contados en que ha caído algo. Hemos tenido días de sol espectaculares mientras nevaba en toda la provincia, y también mucha niebla cerrada (algo inusual, de hecho). Con lo cual, no me parece que la gente, ayer, supiera que iba a nevar porque lo hubiera dicho la TV. Hay algo más, y es experiencia, justo la que nos falta a nosotros, que, por novatos, nos quedamos sin piñas...hasta que deshiele lo que ha caído esta noche.

Eso sí, ¡que nos quiten el rato de sol y la serenidad y el bienestar que se nos quedó por dentro...! También para disfrutar eso hay que hacer las cosas oportunamente. Con el tiempo, espero que aprendamos a hacer LAS DOS COSAS a la vez, sin olvidar lo necesario para ninguna: coger sacos de piñas y meditar y tomar el sol. Y es que para eso vinimos aquí, para vivir mejor que antes, lo cual implica, entre otras cosas, aprender más acerca de lo material y palpable. Y una de esas cosas es, cómo no, el tiempo...Aprender a vivir en el tiempo, a estar en el tiempo y a actuar en el tiempo. Justo a tiempo. Como los animales, que siempre aciertan. O como los tabuyanos, que salen en bandadas a recoger piñas justo cuando pasó la niebla, y justo antes de que se ponga a nevar, a pesar de que el sol parezca anunciar todo lo contrario.

Sabiduría rural, lo llaman...:-)

...

jueves, 8 de enero de 2009

Generosidad, o La Culpa la tuvo la TV

(Del tema de la leña ya hablaré otro día, pero he querido poner aquí esta foto porque muestra uno de los tantos gestos de ayuda generosa que hemos recibido por parte de nuestros vecinos. En la imagen, que es del otoño del 2007, se ve a Salvador, un hombre a quien nisiquiera conocíamos, partiéndonos unos tronquitos porque sí. Sencillamente nos vio resoplando a los de ciudad y se acercó a echarnos un cable, tal como hicieron Manolo y Rosalinda, y tal como estaba haciendo Nacho aquellos días...Pero he puesto la foto de Salvador porque hoy está en la residencia de ancianos, algo incapacitado desde un ataque de sufrió en invierno, y quiero así recordar la clase de hombre que era y agradecer su gesto de aquel día. Como se ve en la foto, para él partir troncos era como romper palillos, una nadería. ¡Y a su edad...! Nosotros, viéndonos a su lado, son sentimos ridículos como piojos. En teoría deberíamos ser más fuertes por ser más jóvenes, pero ja. ¡Niños de mantequilla...! Hoy, Rubén y Manolo ya progresan en el arte de partir troncos. Yo sigo de inútil :-P, y debido al embarazo lo dejo para un futuro...tal vez...)


La culpa la tiene la Tele. Esta fue la conclusión indiscutible con la que nos sorprendió Gerardo, un día en que él, Andrés y David estaban contándonos a Rubén y a mí, en el bar, cómo eran las cosas por aquí antaño. Hablaban de la pérdida de la GENEROSIDAD antigua, y si alguien se pregunta qué relación hay entre esto y la televisión, que siga leyendo, porque voy a explicarlo. A mí por lo menos me quedó clarísimo.

Pues bien, aquellos tres hombres nos contaban una mañana cercana a Reyes cómo, antiguamente pero no hace tanto tiempo (pues ellos lo recordaban muy bien) las gentes se ayudaban unas a otras en todo. Si iban a segar, se repartían la faena y, a medida que unos terminaban, avanzaban hacia la posición del que todavía estaba trabajando, ayudándole hasta que terminaba, y así sucesivamente. De este modo, se intentaba que todos pudieran marchar a casa al mismo tiempo.

Si alguien necesitaba construirse una casa, todos iban con los carros a acarrear piedras (aquí las casas eran todas de piedra), de manera que cada casa vieja del pueblo, casi con seguridad, tiene en sus muros la huella de la ayuda de media comunidad o gran parte de ella. Y así, podríamos seguir con más ejemplos de trabajos duros que, sin embargo, se hacían más llevaderos porque los vecinos no permitían que nadie se quedara descolgado, trabajando a solas con algo así. Hoy por tí, mañana por mí, el caso es que muchísimas cosas se hacían en grupo.

- Pero hoy- decían- si ven a uno que está ahí sudando la gota gorda, nadie le ayuda y piensan que ya se las apañará.
- Uy, - intervine yo- ¡pero aquí todavía se vive mucho lo de ayudar! A nosotros por lo menos nos han ayudado varias personas desde que vinimos, y lo han hecho por buena voluntad, sin interés. De hecho, es algo que nos ha llamado mucho la atención...
- Bueno, hombre, algo queda de aquello, pero no se puede comparar con lo que era antes- dijo uno de nuestros vecinos, quien precisamente hace menos de un mes nos cortó una montonera de leña para echarnos un cable a los pardillos de ciudad (y aún pobres, sin motosierra).
- Pero eso que queda, ¡es mucho si lo comparamos con lo que sucede en otros lugares!- aseguramos Rubén y yo, que no hemos encontrado anteriormente un entorno en el que ningún desconocido te haga algo porque sí, sin interés de "cobrarlo" más adelante de alguna manera.
- Hombre, si comparamos así, a lo mejor aún queda algo de aquella generosidad, de esa manera de hacerlo todo en equipo- concedieron los 3 hombres - pero vamos, esto no es nada. ¡Si hubiérais visto lo de antes...!

Y evocaban con cierta nostalgia cómo todo el pueblo se movía a una para los trabajos más pesados, trabajos que, además, eran comunes a las vidas de casi todas las familias.
Pero realmente la impresión que hemos recibido nosotros, como "nuevos" en el pueblo, ha sido diferente. Como no conocemos lo de antes, nos parece que aquí la generosidad aún abunda. Y es una generosidad que nos parece increíble que exista en estos tiempos, en pleno siglo XXI. A mí, por lo menos, hasta ahora casi nadie me había ayudado nunca en nada, ni mucho menos en tareas farragosas y pesadas como cortar leña, salvo que fuera un familiar (¡y directo!), algún amigo excepcional (de ésos de "toda la vida" o casi) o alguien que esperaba de mí alguna clase de favor. Es decir, si cuento las ayudas numéricamente, exceptuando esos amigos, el resto de gente me ayudó para congraciarse conmigo y, así, recibir un trato especial de mi persona, o un "pago" posterior a cambio.

En cambio, aquí, en menos de dos años, son varias las personas que han tenido gestos de generosidad que me han asombrado desde el primer momento. Hombres y mujeres se han acercado con regalos (frutas y verduras, por ejemplo), aún sabiendo que yo, recién llegada, una perfecta desconocida, y con muy poco que poder dar, o más bien nada, no tenía con qué devolverles el favor.

Luego, ha habido otros favores y gestos de generosidad, consistentes por ejemplo en ciertas ayudas con las tareas de la leña, que resultan cruciales en este pueblo, pero de las que desconocíamos en principio prácticamente todo. Pero es que me han ayudado hasta cuando trabajaba en la Residencia de Ancianos, pues muchas de las propias compañeras me echaron un cable cuando iba ahogada con el trabajo. Otras veces me preguntaban si necesitaba ayuda, porque me veían apurada y que no había terminado cuando ya era la hora de irme, y si yo les decía que no hacía falta que se molestaran por mí, muchas veces las oí decir:
- ¡No pasa nada! Entre compañeras hay que ayudarse.

Al principio no me lo acababa de creer. ¡No estaba acostumbrada a que nadie ayudara así como a un desconocido! Sí, desde luego no se puede esperar recibir esta ayuda por sistema y siempre por la cara. En casa estamos esforzándonos para salir adelante en ciertos temas por nuestros propios medios, aprendiendo, comprando las herramientas necesarias y ¿por qué no?, hasta planeando iniciar una huerta propia en la próxima primavera. Nos gustará hacer lo mismo que los otros hacen en este sentido y tal vez...devolver algún día los favores...si nos dejan.

Pero, pase lo que pase, SIEMPRE recordaremos que cuando llegamos a este pueblo y no sabíamos ni por dónde nos daba el viento, encontramos apoyo y facilidades por parte de algunos "veteranos", quienes nos echaron un cable al darse cuenta de que nosotros no dábamos más de nosotros mismos. Uno hace lo que sabe y lo que puede, y a veces este saber y este poder son muy poco, o inadecuados, para el lugar al cual uno va a vivir. En la ciudad "sabíamos y podíamos", aquí somos los últimos monos y los tontos del final. Es mejor ser realistas y asumirlo, y dar las gracias porque, a pesar de que los del pueblo se dan cuenta de que no llegamos a más en nuestra inteligencia :-P, no se han aprovechado de nosotros, cuando podrían haberlo hecho. Esto les honra. Gracias.

Pero a lo que iba. Que después de evocar con detalles y miradas ensoñadoras los tiempos antiguos en los cuales tantos trabajos se hacían comunitariamente, tanto si eran trabajos obligatorios como caprichosos, unidos todos en una especie de espíritu de buena vecindad, Andrés, David y Gerardo se quedaron en silencio, como reflexionando.
Entonces Gerardo nos dijo:
- Pero ¿sabéis qué? La culpa de que todo eso se perdiera la ha tenido la Tv.
- ¿La TV?
- Sí, la Tele, porque antes la gente se iba a casa de uno o de otro, y estaban hasta las tantas charlando. Hoy en casa de éste, mañana en casa de aquel...qué mas daba, entre vecinos se apoyaban, se visitaban. A lo mejor eran las 12 de la noche y aún estaban ahí, junto a la cocina, o en verano en la calle, charlando, compartiendo cosas al final del día. Entonces había una unión diferente. Pero llegó la tele, y ahora cada uno se queda en su casa con la mierda ésa...
- Ah, ya...
- La tele lo jodió todo. Se quedan embobados con eso, a solas, y ya no se viven las cosas como antes, en piña.

Los demás asentían con la cabeza. Era verdad. Rubén y yo callábamos. La verdad es que no nos gusta mucho la tele (y por eso ni siquiera tenemos una en casa), pero tampoco esperábamos encontrar aquí una reflexión tan crítica y tan amargamente certera como ésta. Mira tú por donde, con qué sencillez y claridad había resumido Gerardo el impacto de una de las llamadas "nuevas tecnologías" en el medio rural.

Yo me acordé inmediatamente de un libro que leí hace unos años, titulado "En Ausencia de lo Sagrado", de Jerry Mander. Es una crítica feroz al modelo de civilización que seguimos, basado en crear inventos y tecnologías cada vez más sofisticados, que requieren cada vez más recursos de la naturaleza para ser fabricados, y al mismo tiempo generan unos residuos y basuras cada vez más intragables por la naturaleza, es decir, menos biodegradables, con lo cual se entra en un círculo vicioso difícil de romper. Cada vez se explota más el medio natural, y cada vez se le devuelven más basuras dificílisimas de degradar (y a veces altamente contaminantes), todo porque sentimos que "necesitamos" todas estas tecnologías, pues estamos convencidos de que son "el bien" y que ir hacia adelante y progresar es asumirlas. El autor se pregunta si esto es una verdad o se trata sólo de una ilusión, una especie de auto hipnosis colectiva, una locura en la que hemos caído todos y que está destruyendo nuestro medio natural y más cosas.

Bueno, el libro tal vez peca de cierta tendenciosidad, pero dice unas cuantas verdades incuestionables. En él se recogen estudios sociológicos hechos en diversas comunidades indígenas del mundo, tras la introducción, en ellas, de las "nuevas tecnologías". El resumen es que a lo mejor no es oro todo lo que reluce, y que la tecnología en sí misma no siempre mejora tanto la vida de la gente como se cree.

Y aquí es donde enlacé con lo dicho en la conversación del bar, porque en el libro se habla de varios estudios acerca del impacto negativo que ha tenido la TV en diferentes partes rurales del mundo. Donde antes la gente vivía más o menos feliz, ahora muchos se siente desgraciados porque se comparan con las familias ricas que se ven en las series; donde antes se vivía en comunidad la mayor parte del día, ahora muchos se aíslan en casa para ver cosas que suceden en zonas remotas del mundo, perdiendo mucho contacto con lo cercano; donde antes la gente se distraía en su tiempo libre haciendo deporte, cazando o jugando con otros, ahora se quedan metidos en el sofá o en sillas, pegados a las pantallas, engordando y perdiendo salud...En definitiva: los estudios que el libro recogía denunciaban la aparición de problemas emocionales, físicos y hasta mentales debidos a la introducción de la televisión en los hogares.

Gerardo no debe haber oído hablar en su vida de ese libro, pero no le hace falta. Ha observado la realidad y lo ha visto claro. Algunos, necesitamos años de estudios y sesudas lecturas para enterarnos de lo que pasa en el mundo. A otros, les basta con quedarse callados, mirando lo que pasa ante sus narices. Son las ironías con las que me topo viviendo aquí: después de tantos años de estudiar y de vivir entre gente que tanto intelectualiza todo, me doy cuenta de que todo eso no es imprescindible. Al menos, a muchos no les ha hecho falta para llegar a las mismas conclusiones. La única diferencia entre Gerardo y yo ¿cuál es? Que yo , ahora, "filosofo" en internet acerca de ello con largas frases y citas de libros sofisticados, y él no. Pero ya ves, ni falta que le hace.

David, Andrés y Gerardo hablaron de más cosas que tal vez cuente en otra entrada, pero ésta ya la termino. Cuando marchamos después a dar nuestro paseo matinal, Rubén me dijo:
- Me acuerdo de mi abuela. Ella siempre decía que la televisión era cosa del demonio.
- ¿Sí? Caray con tu abuela.
- Decía: "Això és cosa del dimoni" (=esto es cosa del demonio).
- A lo mejor intuía los cambios que la tv traería en la vida de mucha gente.
- Seguramente. Y, como no le gustaban, lo resumía en decir que era "cosa del demonio", porque notaba algo que le parecía malo.

Pero la televisión no parece que vaya a desaparecer, sino que cada vez está más presente en todas partes. Rubén y yo nos quedamos en silencio. Tal vez los amigos del bar tenían razón, y los tiempos de la Antigua Generosidad habían llegado a su fin. Lo que contemplamos en este pueblo hoy, entonces, no serían más que sus últimos restos, el último brillo de una luz que tal vez desaparezca del todo muy pronto...y quién sabe si reaparecerá. ¿Seguirán las últimas generaciones el camino marcado por sus mayores?

La cosa da que pensar, y el tema del uso de las nuevas tecnologías y su posible impacto en las pequeñas comunidades rurales es controvertido y casi infinito. Podría hablar de ello la tarde entera, me tienta, pero no lo haré, je, je ;-). Me detengo aquí, dejando que cada cual saque sus conclusiones...
...

lunes, 5 de enero de 2009

Algo más sobre Bosques


Bueno, aunque esto no está directamente relacionado con Tabuyo del Monte, ni con esta zona, sí lo está con los bosques. Y como aquí el bosque y el pueblo son realidades hermanas, me permito poner aquí una entrevista, aparecida en La Vanguardia, a una mujer de la cual se dice que es "la máxima experta mundial en gestión de bosques", que no es poco. A muchas personas comprometidas con el desarrollo de los Montes del Teleno ya les sonará conocido lo que esta señora dice.
A mí, lo que se dice en esta entrevista me confirma la importancia de que existan no sólo vínculos económicos entre la gente y los bosques (=aprovechamiento de bienes materiales, etc), sino también emocionales y afectivos (=sentimientos). Pero tal vez lo máximo sería incidir, (¿y por qué no?) en el sutil mundo del espíritu y "alma" humanos y volverlo a conectar con el bosque. Que los bosques vuelvan a sentirse como un espacio especial donde los haya, un lugar donde el espíritu puede descansar, curarse y recrearse...
...

(Entrevista a Margaret A. Shannon, máxima experta mundial en gestión de bosques)

Los bosques son los pulmones de la Tierra, el filtro que depura el aire y regula la temperatura atmosférica. Y, además, puedes ir a buscar setas. Cuidar de los bosques para nosotros y nuestros hijos debería ser prioritario. Para aprender a hacerlo correctamente, el Centre Tècnic Forestal de Catalunya organizó en Solsona el VI Fòrum de Política Forestal, el mayor debate nacional sobre política forestal, con expertos en la materia de todo el mundo, entre los que descuella la señora Shannon. Para tener bosques que nos solacen, la técnica Shannon propone fomentar nuestra relación emocional con ellos. De lo que se sigue que el estado de nuestros bosques habla del estado de nuestra alma.

VÍCTOR-M. AMELA - 03/01/2009

Tengo 57 años. Soy de Montana y vivo en Vernon, siempre cerca de bosques. Soy socióloga y experta en política forestal. Estoy casada y tengo dos hijos, Cris (27) y Clara (22). ¿Política? Libertad, justicia, igualdad. Soy protestante. ¡Impidan que sus bosques sean polvorines!

- Dicen que es usted la máxima experta en bosques.

En política forestal, sí (dejémonos de modestias).

- ¿Cómo se llega a saber tanto de bosques?

Estudiándolos y viviéndolos.

- ¿Qué vivencias forestales tiene?

De niña viví largas temporadas en los bosques comunales de Montana, que mi padre gestionaba. Mis juegos consistían en internarme entre los árboles, construirme fuertes con leña, armarme de piñas...

- ¿Su mejor momento en un bosque?

En la orilla de un río bravo, pescando truchas a la mosca, rodeada de árboles espectaculares, respirando a fondo.

- ¿Y su peor momento?

Volver a ese mismo lugar tras un incendio catastrófico: ni árboles, ni orillas ni nada.

- ¿Es el fuego el máximo enemigo de los bosques?

No: tradicionalmente se emplearon fuegos controlados para limpiar de maleza los bosques. El enemigo es el incendio catastrófico.

- ¿Qué es un incendio catastrófico?

El que devasta cientos o miles de hectáreas, extinguiendo hábitats animales, pulverizando especies vegetales, dejando la tierra deforestada y desprotegida frente a la erosión.

- ¿Qué se puede hacer contra esto?

Dificultar que suceda. Y el mejor modo de dificultarlo es inmaterial: crear vínculos afectivos entre una sociedad y sus bosques.

- ¿Por qué?

Con tales vínculos emocionales con el bosque no son necesarias campañas contra el fuego: ¡todo el mundo aporta algo para que al bosque no le pase nada grave! Si no existe esa estimación, el bosque acabará mal.

- ¿Estamos quedándonos sin bosques?

Decrecen en algunas zonas del mundo y crecen en otras. En España están creciendo.

- ¿Sí?

A causa del despoblamiento rural: antiguas áreas de cultivo, hoy abandonadas, están volviendo a ser cubiertas por el bosque. En Catalunya, el 60% de la superficie es hoy boscosa, ¡hay más bosque que en época romana! Ándense ustedes con cuidado...

- ¿Por qué?

Si nadie se hace cargo de explotar ese bosque, acabará siendo un peligroso polvorín: ¡combustible para un incendio catastrófico!

- ¿Qué deberíamos hacer?

Que el bosque sea útil para la gente: que rinda beneficios materiales e inmateriales. Así será fácil tener sus accesos expeditos, su maleza controlada, cortafuegos y claros, sus riquezas explotadas con equilibrio...

- ¿Qué puede darnos un bosque?

Leña, carbón vegetal, maderas, resinas, frutos, piñones, setas, corcho, cortezas, miel, sustancias para medicamentos... Especies animales y vegetales, humedad; atempera el calor, insufla oxígeno a la atmósfera...

- ¿Y qué nos pasaría si mañana amaneciésemos sin un solo bosque sobre la Tierra?

Desaparecerían especies, nos faltaría oxígeno, la capa deCO aceleraría el calentamiento 2 terrestre, los deshielos, la crecida de los mares...

- ¿En qué zonas decrecen los bosques?

En el cinturón tropical: justo donde los bosques son más generadores de oxígeno y biodiversidad, donde más los necesitamos, donde más ejercen de pulmones de la Tierra...

- ¿Cuál es el peor incendio que ha visto?

Yo era vigilante forestal de jovencita, y desde mi torre de vigilancia vi arder un bosque. Aquel día decidí que me dedicaría a esto... Los peores que he visto son los de sur de California, que desertizan áreas enormes.

- ¿Qué propone usted en su país?

Aprender de nuestras lecciones. Verá: en 1990, el Congreso rechazó invertir 15.000 millones de dólares en cuidar bosques. ¡Mal negocio!: desde entonces llevamos gastado mucho más dinero en extinguir incendios. Nos los podríamos haber ahorrado y aún tendríamos esos bosques hoy quemados, y en buen estado, y serían hoy productivos.

- ¿Cuál es su bosque predilecto?

El bosque de pino ponderosa, que es el pino silvestre, el pino rojo.

- ¿Qué le parecen nuestros bosques?

El bosque mediterráneo es muy atractivo: permite caminar a su través, gozar de visibilidad, con sendas y claros: así deben mantenerlo ustedes. Son bosques humanizados.

- ¿Y los bosques norteamericanos?

Allí son extensiones amplias, poco humanizadas, y así es como gustan allí: salvajes, impenetrables en algunas zonas. Cada bosque es también un espejo cultural.

- ¿En qué periodo el planeta estuvo más cubierto de bosques?

Hace unos 5.000 años: ahí empezamos a talar, pues cada lingote de bronce exigía cinco hectáreas de bosque. Luego, las guerras deforestaron mucho, como la de Troya, 1.250 años antes de Cristo. Y el imperio romano deforestó la cuenca mediterránea.

- ¿Por qué?

Necesitó amplias extensiones de cereal para sostenerse. Una ardilla no hubiese cruzado la península Ibérica de árbol en árbol…

- Y hoy, ¿cómo afecta el cambio climático a los bosques?

Siempre afecta: hace miles de años, el actual Sáhara era una sucesión de bosques y pastos... El calor y la escasez de lluvias resecan los bosques, los hacen vulnerables.

- ¿Qué países cuidan mejor sus bosques?

Alemania tiene una buena silvicultura. Y me gusta una iniciativa de los países del Este: una persona no tiene derecho a poseer un bosque sin pasar un examen.

...

sábado, 3 de enero de 2009

Próximamente, El Museo de La Miel

Del Diario de León de hoy:

El museo de la Miel abrirá al público el mes que viene en el pueblo.

El Museo de la Miel de Tabuyo del Monte abrirá el próximo mes de febrero, en el marco de una iniciativa que pretende dar a conocer el mundo de la apicultura y captar nuevos flujos turísticos hasta la comarca de Maragatería. Así lo manifestó a Efe su promotora, la hostelera Isabel Argüello, quien también regenta un centro de turismo rural en esta localidad (La Casa del Herrero) perteneciente al municipio de Luyego y situada a algo menos de treinta kilómetros de Astorga.

La inversión global del proyecto, de carácter privado, ha sido próxima a los 160.000 euros, si bien ha sido subvencionado parcialmente con fondos comunitarios gracias a un programa Leader, destinados al respaldo y promoción de iniciativas de desarrollo rural. El museo realizará un recorrido explicativo sobre la evolución histórica de la apicultura desde la prehistoria hasta la época contemporánea, y abundará en los distintos avances que han sufrido los útiles y herramientas empleadas para la recogida de la miel.

...

jueves, 1 de enero de 2009

Concierto de Año Nuevo

(Colores en el bosque, hoy)

Todas las mañanas de Año Nuevo, se retransmite por algún canal de televisión un concierto de música clásica tocado en alguna ciudad lujosa y tradicional. Viviendo en la ciudad, es posible oir los ecos de este concierto, sonando desde alguna televisión, en medio del silencio que se produce en esa mañana. Y es que muchísima gente, especialmente joven, duerme hasta el mediodía para recuperarse de las consabidas juergas de la noche de Fin de Año.

Pero esta mañana Rubén y yo hemos podido disfrutar de algo diferente y, para mí, más apreciado que el famoso concierto. Salimos a dar un paseo, y nos adentramos en el bosque, que estos días está todo brumoso por las nieblas, pero precioso porque los colores lucen vivísimos debido a la humedad. ¡Qué colores verdes, por Dios! ¡Qué contrastes entre los rojizos y negros de la tierra y la pinaza, los blancos y grises de los líquenes y las piedras de cuerzo, con el intensísimo verde de las hojas de los pinos, del musgo y de los pequeños brotes de las plantas...!

Húmedo, brumoso, sin sol, pero fresco, limpio, blandito y fragante: así estaba el bosque hoy. Y entonces...¡oh, regalo!, recibimos gratuita e inesperadamente nuestro Concierto de Año Nuevo. ¡Se puso a cantar un pájaro de una manera...! Bueno, yo no entiendo de pájaros, pero hasta podría ser un ruiseñor, yo que sé. Nos quedamos atontados ahí, en silencio y sin movernos para no asustarlo, escuchándolo, sorprendidos no sólo por lo bonito de su canto, sino porque en estos meses no es muy común oir pájaros melodiosos en el bosque. Oyes los gritos de cornejas, pegas, algún gorrión...pero no esos trinos que parecen más propios de la primavera.

Estuvimos un buen rato escuhando el concierto, hasta que el pájaro desconocido se cansó, o se marchó a otra parte a continuar con su sofisticado tralarírori. Entonces comentamos lo muy afortunados que éramos porque vivíamos en un lugar que nos permite salir de casa andando y, en apenas cinco minutos, estar en medio del bosque, disfrutando de estas cosas libremente. Recordamos cómo en otros paisajes es difícil acceder a las zonas naturales, y a veces no porque no existan, sino porque están todas valladas y tienes el paso prohibido hacia casi todas partes. Casi no puedes salirte de los caminos, porque todo el mundo se esfuerza en determinar que ese prado, o aquel bosquecillo, o aquella otra parcelita de onte es suya y nada más que suya, y ay de tí si te atreves a pisarla.

Aquí el monte sigue siendo de libre acceso, asequible, de una presencia cotidiana y casi familiar. Agradezco enormemente poder disfrutar de esto, y me propongo hacer por mi parte lo posible para que así siga siendo. Sé, porque me lo comenta gente del pueblo, que existen iniciativas e ideas para lograr que el monte (y el bosque) se sigan cuidando, pero buscándoles usos nuevos que hasta ahora en este lugar no se han aprovechado mucho, o están tan sólo iniciándose, como la micología o el senderismo y excursionismo. Si sigo viviendo aquí y las circunstancias me lo permiten, espero poder colaborar en lo que haga falta. Este monte es un tesoro, y en este día de Año Nuevo brindo por el éxito de las nuevas iniciativas. Es más, ya que es un buen día para expresar los deseos para lo Nuevo que viene, pido que siga la inspiración y que la fuerza acompañe y sostenga a todos los que intentan sacar esto adelante. Gracias, y Feliz Año Nuevo a ellos también.
...