sábado, 10 de enero de 2009

¿Cómo se hace para ser Micólogo?

¡Ooooh, qué bonito! ¿Y es de verdad o es de plástico? ¿Es una pelotita de jugar o una golosina? Ni una cosa ni otra, sino una seta venenosa, por muy tentadora que resulte con sus brillantes colores. La Amanita Muscaria crece en los bosques de Tabuyo y, aunque no valga como ejemplo de las delicias comestibles que por aquí pueden encontrarse, la pongo como símbolo de lo muy útil que es aprender acerca de las setas. Ah, la mano de la foto es la mía, je, je. Y no... no me comí la muscaria ;-P

Esta entrada la escribo con cierto retraso, porque es el resultado del fin de semana del 6 y 7 de diciembre, cuando pude conocer al "famoso" ;-) micólogo del que medio pueblo me había hablado, un tal Jaime. Y no solo eso, sino que conocí también a una micóloga, (que además es su pareja), pues ambos dieron un par de charlas sobre las setas. Estoy hablando de Jaime Olaizola y Beatriz de la Parra, y por supuesto, esto sucedió en el Centro Micológico de Tabuyo del Monte, pues se trataba de la clausura de los cursos y talleres de iniciación y profundización en la micología que tuvieron lugar aquí mismo durante los fines de semana de otoño.

Pero más vale tarde que nunca y aquí estoy, para contar lo que averigüé acerca del asunto de la micología. Porque, yo no sé el resto de la gente, pero a mí eso de que hubiera micólogos me llamaba la atención. ¿Rarezas de una? Más bien el resultado de haber iniciado una vez, hace muuucho tiempo, tanto que casi ni me acuerdo, como en los cuentos, la carrera de Biología. Hubiera querido especializarme en botánica, pero no pasé del primer curso, por razones que ahora no vienen al caso. Sea como sea, por ese motivo yo sabía que no existía nada como una especialidad en micología. ¿O es que los planes de estudio habían cambiado tanto que...? ¡Ah, a fin de cuentas soy algo vieja ya, peino canas, y muy lejos quedan aquellos 19 añitos! Podría ser que...

Bueno, la ocasión la pintan calva, así que, aunque no había podido asistir a los talleres de micología, quise asistir a las dos charlas que clausuraban los cursillos. La primera se titulaba "Las Setas, el Oro del Teleno". La segunda, "Cocina con setas". Ambos títulos me parecieron igualmente sugerentes, así que decidí no perderme niguna. Pero además, así podría conocer a un par de micólogos, cara a cara y "de verdad", je, je.

Sobre lo que se dijo en las charlas hoy no hablaré, sino que lo dejo para otras entradas. El caso es que, cuando terminaron, me acerqué a los ponentes, quienes, todo amabilidad, estuvieron encantados de emplear un rato hablando conmigo. Yo les expliqué que tenía curiosidad acerca de cómo llega uno a convertirse en micólogo, y entonces me dijo Jaime que lo primero era, obviamente, la vocación. En su caso ésta se manifestó ya de muy pequeñito, en su País Vasco natal. Sus recuerdos respecto a la afición a las setas se remontan a los 6 años, cuando descubrió esas "cosas de colores" tan bonitas y peculiares que crecían en el monte. Pero es que además, no sólo en su casa había libros de setas, sino que en su pueblo ¡había exposiciones de setas cada año!

¡Vaya...! Está claro que algunas zonas nos llevan muchos años de ventaja en esto de las setas. Había oído hablar de los "pueblos micófilos", zonas donde la gente aprecia a las setas, y los "pueblos micófobos", territorios donde la cultura popular desconfía de las setas o pasa olímpicamente de ellas. Y sabía que el País Vasco, así como Cataluña y otras comunidades, siempre fueron "micófilas", mientras que aquí en León la cosa de las setas no era precisamente valorada, por lo menos hasta hace poco. Y no sólo sabía esto por los libros, sino por experiencia. Mi padre, Angel de Paz, siempre recuerda una vez que, estando él y nosotras, sus hijas, cogiendo setas cerca de Santiagomillas, nos salió al paso una viejecina del pueblo, y dijo:
- ¡Ay, señor! ¿Usted aprecia la vida? ¡Ande y no coja eso, que se va a morir!

Mi padre intentó explicarle a la buena mujer que precisamente porque apreciaba la vida cogía setas, y que aunque ya sabía que existían especies venenosas y mortales, éstas no presentaban ningún peligro. Pero la mujerina se marchó, renegando con la cabeza. Toda su vida había oído que las setas eran "malas" o al menos peligrosas, y ahora no le iba a convencer un forastero de lo contrario...

Pero es que mi padre, leonés por los 4 costados, conocía las setas gracias a que se casó con una catalana (por los cuatro costados también), que le enseñó de qué iba el asunto. Con lo cual tuvo la dicha de disfrutar cogiendo setas como "micófilo" en una zona (ésta) y en un tiempo (hace más de 20 años) en el que prácticamente nadie iba a recoger setas al monte. Nadie. ¡Y vaya sí las había...! De hecho, la primera exposición de setas que se hizo en Astorga la organizó él y, cuando al cabo del tiempo la familia hubo de trasladarse a Barcelona por cuestiones laborales, dejó dicho como "herencia", a sus amigos, dónde estaban los mejores sitios que él conocía para coger setas alrededor de Astorga.

Pero por muy goloso que sea experimentar eso de ser casi el único conocedor de setas en pinares a la redonda, y llenar cestos y cestos sin problemas, conversando con Jaime pude corroborar las indiscutibles ventajas de vivir en una comunidad micófila, porque él creció en un lugar así. Ahí la riqueza de las setas es algo que puede ser aprovechado por todo un pueblo, disfrutado en todos los sentidos, sacándole un partido gozando además de compartir la afición con los demás. Aquí en Tabuyo las setas se empezaron a conocer cuando empezaron a realizarse los cursos, hace unos años, pues desde las Asociaciones de Desarrollo Rural, la Junta Vecinal y el Ayuntamiento, se tuvo la visión de que el asunto de las setas era un recurso precioso para este lugar...y un recurso todavía sin conocer y sin aprovechar. ¡Hoy las cosas son muy diferentes al respecto! Pero sin duda son mejores para todos.

(Jaime Olaizola y Beatriz de la Parra Peral, en la entrada del Centro de Interpretación Micológica de Tabuyo del Monte, el día de esta charla)

Bueno, a lo que iba. Jaime y Beatriz me confirmaron que, efectivamente, no fue estudiando Biología que accedieron a conocimiento de las setas, sino gracias a la Ingeniería Forestal.
- Ah, entonces ¿existe esa especialidad en esa carrera?- les pregunté.
- Bueno, no exactamente. Nosotros sí tuvimos la suerte de poder cursar esa asignatura y profundizar en ella, porque en nuestra facultad había un profesor experto en la materia que impartía esa especialidad, micología. No todas las facultades pueden decir lo mismo.
- ¿Y dónde estudiásteis, si puede saberse?
- En el campus de Palencia, aunque la facultad pertenece a la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Agrarias de Valladolid.
- Ahh...
- Y el que fue nuestro profesor, con quien luego colaboramos muchas veces y seguimos aprendiendo, se llama Juan Andrés Oria de Rueda.
- Ah, o sea que es un caso especial, por así decirlo.
- Era el único profesor que impartía micología en nuestra facultad.
- Vaya, entonces fuísteis a dar al sitio ideal.
- La verdad es que no todas las facultades dan la misma cabida a esa asignatura.
- ¿Y los dos estudiásteis ahí?
- Sí, y nos conocimos allí.

Unidos por la vocación micológica (y más tarde por algo más que eso ;-) ), Jaime Olaizola y Beatriz de la Parra siguieron esporádicamente con su profesor, siguiéndole en diversos proyectos micológicos, por ejemplo Micovaldorba, donde participaron como becarios al lado de Juan Andrés Oria y otros técnicos.

Jaime y Beatriz me contaban que estas atividades y otras fueron algo que hicieron sin premeditación y, al inicio, de manera voluntaria, por pura afición. Tampoco se planteaban siquiera la idea de que un día podrían llegar a trabajar como "micólogos".
- En realidad, no existe lo de "ser micólogo" -me dijeron- Es decir, no hay un título universitario que diga en ningún lado que uno es micólogo, porque estudió la carrera de micología, por lo menos en España. Lo que sí es posible es estudiar y profundizar acerca de micología, o bien cursando asignaturas opativas en la universidad y luego ampliando la formación a través del trabajo práctico en proyectos, etc (como hicimos nosostros), o bien realizando cursillos de formación de micología, como los que se han impartido aquí en Tabuyo o en muchas otras zonas rurales.
- Entiendo. O sea, que este es uno de tantos campos del saber en el que no existe ninguna titulación reglada ni oficial...
- Bueno, nuestra ventaja es haber estudiado Ingeniería Forestal, porque eso nos ha dado una base de conocimiento global y muy amplia sobre los ecosistemas, sobre cómo funciona la naturaleza en general. Y para conocer verdaderamente las setas, es fundamental tener nociones de esto.
- Ya...Hay quien reconoce las setas y sabe dónde se cogen, cuáles se comen y cuáles no, y eso es todo...
- Exacto. Pero nosotros partimos de un conocimiento del medio muy amplio, y estudiamos cómo nacen las setas, dónde, de qué manera, por qué, qué factores inciden no sólo en si nacen o no, sino incluso en su química, en su sabor, en sus cualidades. ¡Porque ni siquiera dentro de una misma especie, todas las setas son iguales!
- Entiendo.

Luego me contaron que fue después, cuando los grupos de desarrollo rural de muchas zonas se dieron cuenta del valor potencial de la micología e hicieron un programa llamado "Micología y Desarrollo Rural", que necesitaron técnicos para desarrrollarlo, y ahí fueron contratados ellos por primera vez como especialistas en micología. Así pudieron trabajar en algo que tanto les gustaba y a lo que habían empleado tantísimo de su tiempo. ¡Casi era un sueño! Uno de esos grupos de desarrollo rural era Montañas del Teleno, y de ahí llegaron hasta aquí.

- Pues qué bien, ¿no? ¿Así que ahora ya podéis trabajar como micólogos?
- Bueno, aún sigue siendo un trabajo precario y sin mucha seguridad, porque todavía depende de los fondos que se dan a los proyectos de desarrollo rural. Hay dinero europeo (proyecto Leader plus y Proder), y esto no dura siempre. Se cumplen temporadas y luego hay que esperar a que se aprueben las siguientes y se inviertan nuevos fondos.
- Pues es una lástima que no se movilicen más las cosas, de manera que no haya que depender de eso. A fin de cuentas vuestro trabajo tiene su utilidad...
- Claro, porque lo que hacemos no sólo es reconocer setas y discernir sus cualidades, sino hacer estudios in situ para poder GESTIONAR los montes, de manera que las setas crezcan de manera óptima y asegurada para las siguientes generaciones. Es decir, mostramos cómo cuidar el medio ambiente local de modo que las setas puedan seguir saliendo año tras año (si el clima lo permite, claro está), sin acabar con ellas y dejando el terreno de tal modo que continúen extendiéndose.
- Pues eso trae beneficios económicos. Debería ser obvio que emplear a algún micólogo en gestionar los montes locales es una inversión segura, aunque a veces sea a largo plazo.
- Pues sí, pero el problema, como en otros campos, es que los que están en los despachos no siempre conocen bien de qué va el tema, y la mentalidad general acerca de las setas aún está algo atrasada. Se suele creer que salen sin más, y que se trata de salir a coger cuantas más mejor, porque total, al año siguiente volverán a salir, etc. Pero esto no es del todo verdad.
- Ya...
- Es necesario no sólo un estudio local, concreto e in situ de cada ecosistema productor de setas para cuidarlo óptimamente, sino también una labor de enseñanza y concienciación de la población, para que cuiden el entorno de manera adecuada, recojan adecuadamente las setas y se enteren bien, además, de sus diferentes valores. Si la gente conoce y valora bien las setas, será mucho más fácil que aprecien el cuidado de los montes en ese sentido, y no como (por ejemplo) meros productores de leña.
- Está claro.
- Pero es que además, es posible crear nuevos puestos de trabajo rural como guías micológicos, por ejemplo. La verdad es que el tema de la micología está todavía despuntando y hay muchísimo por hacer. Se le puede sacar mucho más partido todavía.
- Eso es lo que se intenta hacer en este pueblo.
- Sí. Aquí se han hecho cursos de formación como Guías Micológicos, bastante completos (unas 200 horas), pero también ha habido cursos de recolección, de cocina micológica, talleres para niños...Pero hay muchos otros pueblos y zonas rurales donde se ha despertado un interés similar.
- Qué bien. O sea que es un campo con futuro.
- O al menos debería serlo. ¡Esperamos que así sea!

Pues yo también lo espero, y con esto termino por hoy.
Ah, y si a alguien se le han puesto los dientes largos con tanta seta, me alegro :-). Espero hablar más veces sobre asuntos micológicos, hoy tan sólo quería compartir algunas impresiones personales y parte de lo que aprendí en mi charla con Jaime y Beatriz. A ellos dos, si leen esto: ¡Muchas Gracias!
...

1 comentario:

Bea de la Parra dijo...

Despues de casi un año de esta entrevista lo veo hoy por casualidad. gracias por esas palabras.

Quedo muy bien. que tal las setas del Teleno??

Un saludo, y espero que nos veamos pronto